A la deriva

Lo normal para una persona, o para una ciudad, que no conoce la ruta hacia el destino al que tiene que llegar es que se extravíe en el camino. En Marbella hemos recorrido muchas sendas sinuosas que nos han conducido por la larga travesía del populismo, las curvas peligrosas de la corrupción, los cambios de rasantes de la especulación y la depredación urbanística o los callejones sin salida de la pasividad ciudadana.

Pero esa persona o esa ciudad también tienen la opción de programar su ruta con la exquisita precisión de un sistema vía satélite. Sirviéndose de un GPS lo normal es que alcance su destino de forma satisfactoria. Ahora bien, sí es importante, ya que hablamos del interés colectivo de una ciudad, que el sistema de posicionamiento global se programe en sintonía con el destino al que quiere llegar la mayoría. Esta operación, en teoría sencilla, se complica cuando cada viajero se mueve impulsado por su propio medio de locomoción y sus propias preferencias para el viaje. Este es el punto en el que hay que fijar un destino común y seleccionar la ruta deseada; la más corta o la que tenga menos peajes, la más segura o la más paisajística o la que tenga menos tramos controlados por radares de limitación de velocidad. Hay que definir bien la meta y el cómo llegar hasta ella.

Para ello, se recurre a la planificación estratégica, se realiza un diagnóstico participativo de la realidad socioeconómica del municipio, se analizan las variables más influyentes, se debate y se confluye en una  síntesis de qué objetivos y mediante qué acciones se va a trabajar para plasmarlos en la realidad. Esto es lo que se conoce como un Plan Estratégico. En Marbella aprobamos por consenso político y social uno en julio de 2015 que fija ejes y programas para la consecución de objetivos hacia una ciudad sostenible, de excelencia y del conocimiento. Durante los dos años en los que participé en el gobierno local, impulsé la delegación del Plan Estratégico y comenzamos a coordinar a todas las áreas municipales en la elaboración del Plan Operativo para las acciones concretas. Sin embargo, tras la moción/traición, PP y OSP han paralizado el desarrollo de esta iniciativa, han eliminado la delegación y desactivado el trabajo en marcha. En definitiva, Marbella a día de hoy no tiene plan. Y sin plan el municipio está a la deriva.

Ante esta falta de planificación otro riesgo es que acabemos por tomar la senda de la costumbre, ésa que recorremos movidos por la querencia, con la falsa seguridad que nos puede proporcionar pisar sobre nuestras propias huellas, entonces estaremos abocados a recorrer los mismos errores y a asomarnos a los mismos precipicios.

Que hayan maniatado el Plan Estratégico no quiere decir que el gobierno no tenga su propia hoja de ruta, no caigamos en la ingenuidad. Logrado el objetivo de llegar al poder, comienzan a desplegar SU plan, repitiendo dinámicas de anteriores mandatos: agencia de colocación, privatizaciones, satisfacción de los intereses satélites que giran alrededor de los partidos en el poder. Lo que se ha desvanecido es NUESTRO plan, el de la ciudad, el del interés general. La planificación estratégica tendrá que esperar.

Y aquí es donde surge la necesidad de una ciudadanía activa, informada y con mecanismos de participación directos y efectivos. Con un gobierno que entienda el ejercicio del poder como un verbo, la acción de estar en disposición de hacer, emprender, transformar y no como un sustantivo, una meta a la que llegar para quedarse y servirse.

Esa es la gran transformación pendiente.