Compromiso Marbella. Paso I: Extirpar el gilismo y el neogilismo

Marbella merece la pena.

(El Muchacho se acerca temeroso a la Anciana)

MUCHACHO: – ¿Qué es una ciudad sin ciudadanía?

ANCIANA:    – Un ecosistema inerte. Una comunidad sonámbula. Una zona cero de la democracia.

La ciudadanía en Marbella, entendida como conjunto de personas con deberes y derechos y que, además, los ejercen de forma activa es más un anhelo que una realidad. El big bang del gilismo nos deja aún niveles de contaminación en el aire incompatibles con el ejercicio democrático pleno. En el éter todavía flotan partículas del gilismo que, combinadas con el acelerante del neogilismo, dificultan el ejercicio transformador de la ciudadanía.

El clientelismo sigue actuando como la particular ley de la gravedad de nuestro microcosmos, una fuerza que atrae a los que gobiernan y a buena parte de los gobernados a buscar el beneficio individual y cortoplacista sobre el interés general y la planificación estratégica. La política de tierra quemada, frente a la siembra de futuro.

Y lo puedo relatar en vivencias en primera persona. Como aquella vez en la que un chiringuitero me contaba que añoraba la oronda figura de Jesús Gil paseando por la playa con el torso desnudo y diciéndole: “pon todas las sillas y hamacas que te quepan, que venga mucho turismo”, mientras su gobierno asfaltaba el dominio público con ladrillos y hormigón o la del empresario que perseguía una modificación urbanística para construir una planta más dónde la regulación le permitía construir una menos.

Y claro, luego ese mismo chiringuitero se queja de que no haya arena en la playa; y los que añoran el tiempo de las grúas de que no tengamos colegios donde reside población con necesidades educativas urgentes ni zonas verdes o deportivas donde viven personas con demandas de ocio y esparcimiento. Y es que, como ocurre en cualquier ecosistema, las alteraciones contra natura provocan consecuencias fatales, de forma irremediable, el egoísmo del clientelismo deja como legado déficits para el interés general.

El empeño ahora tiene que ser extirpar cada tic de neogilismo y cada eco de gilismo. Construir músculo ciudadano mediante la gimnasia de la participación, las vitaminas de la conciencia y la proteína de la ideología. Ponernos en forma para el activismo en el plano individual y en el colectivo, porque como ciudadanos integramos un equipo, nuestra ciudad: Marbella.

Ya lo decía el auto del ‘Caso Malaya’, en Marbella se concitaba toda una “sociedad auxiliar de la corrupción” con epicentro en un gobierno corrupto, pero con colaboradores necesarios y beneficiarios espurios en el tejido empresarial, judicial, social… Eso no se desmonta de la noche a la mañana, y mucho menos si no existe voluntad de desmontarlo y, muy al contrario, el objetivo es seguir mullendo bien el pesebre para mantenerlo calentito.

Y es que para esta transformación se requiere una ciudadanía empoderada, no una clap y un clan como tenía el gilismo y se afana en mantener el neogilismo, en busca de estómagos y bolsillos agradecidos que les avalen y perpetúen. La sombra del gilismo es alargada y a día de hoy siguen existiendo muchas zonas de sombra por iluminar: acuerdos con los actores principales del gilismo para pagar las facturas pendientes derivadas de convenios ilegales y lesivos, como el firmado con el promotor de La Cañada; el pastoreo de las subvenciones a dedo para los colectivos sociales con el objetivo de extender los tentáculos de control social y clientelar; la creación de estructuras paralelas de empresas para la privatización de toda suerte de servicios públicos; el eslalon de entrega de placas, distinciones y convidadas con dinero público o la desinformación planificada para provocar colas de vecinos dispuestos a expedir una tarjeta para subirse gratis a un autobús que nadie sabe ni cuándo ni cómo ni tan siquiera si llegará  a la parada.

Tras el diagnóstico tenemos que pasar al tratamiento. Es la hora de emprender el cambio democrático. Purificar la atmósfera política y social de nuestra ciudad, tornarla respirable. Para ello se precisa un progresivo trabajo de deconstrucción y construcción. Es necesario desplegar mecanismos de transparencia y participación directa. No convocar a la vecindad para explicarle que se va a ejecutar tal o cual obra, hacer el llamamiento para diagnosticar qué necesidades tiene el barrio, cuáles son las prioridades y decidir cómo considera el conjunto de la comunidad que es mejor resolverlas: presupuestos participativos, consultas ciudadanas, pluralismo en los medios de comunicación municipales, planificación colaborativa de las políticas públicas… Ir construyendo ciudadanía activa y la ciudad necesaria, en un proceso de radicalidad democrática y satisfacción social.

Para aplicar estas recetas es para lo que trabajamos desde Izquierda Unida, porque tenemos un proyecto maduro para la democratización de Marbella. Porque ya hemos desplegado mecanismos de transparencia y participación, solo frustrados por la moción/traición antes de que pudiesen consolidarse en todo su potencial transformador. Pero nunca nos rendimos. Vamos a la carga con más experiencia e ilusión y pedimos la confianza e implicación de la gente de Marbella.

Comprometerse merece la pena.

Marbella merece la pena.