Desde la emergencia hacia la emergencia

Nuestro léxico, a pesar de su carga patriarcal ineludible, es rico en significaciones. Flexible y preciso. Tiránico y liberador. Alentador e hiriente. Ambivalente. Sirva de ejemplo una palabra destacada de esta semana: Emergencia. Una emergencia es una situación provocada por un peligro o un desastre. Pero también contamos con la emergencia derivada del verbo emerger, del latín emergentia, salir a la superficie, aparecer algo que estaba sumergido, brotar.

El movimiento feminista ha lanzado para el próximo viernes 20 de septiembre una convocatoria que resuena con fuerza: #20S #EmergenciaFeminista. Movilizaciones en numerosas ciudades. Coordinadas. Al unísono. Atuendos negros y luces moradas. Y un horizonte, ése sí, unívoco: la igualdad.

No es la primera convocatoria a gran escala desde la sororidad para la transformación hacia la igualdad. Lo cierto es que el movimiento feminista viene escribiendo en los últimos años una página que, seguro, será decisiva en la Historia. Las mujeres están protagonizando su emergencia, saliendo a la superficie.

Y frente a estos brotes morados, también la canallesca reacción de los depredadores que ven como se les achica el espacio y se les acaban las presas. Los reductos del patriarcado afilan sus colmillos machistas y los exhiben con ferocidad en la escena pública, demonizando la emergencia feminista.

Pero la emergencia en positivo ya es imparable. Aunque aún no se hayan alcanzado los objetivos, ya está fijada la meta y marcado el camino. Pero la emergencia sigue, por más que en el campo del periodismo cada vez haya más profesionales mujeres, la voz mediática oficial aún sigue siendo patriarcal. Por más que en la judicatura cada vez haya más mujeres, los dictados de la ley siguen exhalando un pestilente tufillo patriarcal, por más que en la política cada vez haya más mujeres, en los gobiernos aún ganan las visiones machistas y por más que haya leyes que consagran garantías de igualdad, los asesinatos machistas se siguen sucediendo, la brecha salarial sigue sangrante, al igual que la mayor precarización femenina o la explotación y el mercadeo de los propios cuerpos de las mujeres.

Pero toda esa emergencia se va a invertir. Se logrará con acciones como la que tendrá lugar este viernes y que vienen realizándose desde hace años. Las mujeres, desde la intrínseca toma de conciencia de la desigualdad y de la necesidad de conquistarla, se organizan, generan músculo social y avanzan. Abren paso a la razón. Y no están solas. Las acompañan el sentido de la justicia y el futuro. Y también muchos hombres, porque el feminismo no es imposición de género, sino igualdad. Lo penoso es que aún haya que explicarlo.

En definitiva, la emergencia-peligro es clara, pero la emergencia-brote es imparable. Y la tenemos que alentar.

Y este viernes es un hito para la esperanza. Una nueva oportunidad para que caminemos hacia la emergencia definitiva. El surgimiento, la salida inapelable a la superficie, de los brotes morados que laten enterrados pero vivos en las entrañas de la tierra desde el principio de los tiempos. Sin el florecer de estos brotes, jamás disfrutaremos de las praderas de la igualdad y de la justicia social. Jamás seremos felices como humanidad.