¿Hablas Gamer?

El lenguaje desempeña un lugar central para facilitar las interacciones comunicativas. Pero, a la vez, puede actuar como una barrera difícil de sortear. Y junto a la brecha del lenguaje encontramos otras, como la generacional, que también obstaculiza la comprensión. Justo esta combinación de incomprensiones es la que experimentan muchas madres y padres con respecto a sus hijas o hijos gamers, las chicas y chicos que juegan con frecuencia a los videojuegos, o sea, la gran mayoría.

En un mundo globalizado y con la omnipresencia de Internet en todos los apartados de la cotidianidad, el ámbito de los juegos infantiles y juveniles no se queda al margen. Y con el peso de la industria norteamericana los términos en inglés salpican el nuevo universo del entretenimiento y los jóvenes usuarios los españolizan con total libertad y a un ritmo frenético. La influencia del inglés en este escenario global es imparable, de modo que nos hallamos ante una evolución exponencial del denominado fenómeno spanglish. Un ejemplo claro nos lo proporciona el videojuego del momento: Fornite.

En este juego recoger materiales de los distintos escenarios es farmear (del inglés to farm, cultivar), hacerte con un buen equipamiento es lootear (de to loot, saquear). El videojuego no da fallo o se bloquea, se laguea, (del inglés lag, retraso) y no presenta errores de programación, sino bugs, (del inglés bug, error).  En este entorno gamer a quien incumple las normas no se le expulsa, se le banea (del inglés ban, prohibición). Cuando uno no da el nivel, por principiante o por no mostrarse muy habilidoso, no es un ‘maluza’ es un noob (novato en inglés). En cuanto a las actitudes ante el videojuego, como en la vida, los hay más conservadores, que acechan minimizando los riesgos su oportunidad, los camperos, o los más osados, quienes despliegan su partida con atrevimiento, los rusheadores (del inglés rush, prisa). Y todo esto sin que para los conocimientos de las madres y padres haya una actualización de software semanal.

No tengo vocación de académico de la lengua y entiendo que los lenguajes son códigos comunicativos vivos que tienen que adaptarse a las necesidades de las personas que se sirven de ellos para favorecer sus comunicaciones. También es comprensible la necesidad de los grupos de contar con unos códigos comunes que les permitan reforzarse de forma endógena, les faciliten su identificación como miembro del grupo y, a la vez, los diferencien del resto.

Pero no se trata solo de conocer la semántica, no es tan fácil, no sería complejo si se tienen conocimientos de inglés y un poco de curiosidad, pero estos códigos semánticos propios del grupo contienen otros elementos de corte social, contextual y generacional. No basta con saber el significado, hay que saber captar el sentido y la sensibilidad de aquellas personas que lo emplean. Y eso ya es más difícil. Incluso es poco aconsejable pretender reproducir esos tics para quienes no comparten las características del grupo, por el evidente riesgo a quedar caricaturizado. Y no hay que ser un fiebre de los videojuegos para entender que en cada momento hay que saber qué papel jugar. Y nunca desempeñar el que no te corresponde.

Está claro que muchas cosas han cambiado desde que las madres y padres de preadolescentes o adolescentes gamer convocáramos a nuestros compañeros y compañeras de juego con un certero grito a pie de balcón o con un toque del interfono para que bajaran a jugar a la calle. El actual patio de juegos es global, y las convocatorias se realizan a golpe de clic y sin barreras geográficas.

Tampoco es fácil comprender a un preadolescente o adolescente gamer, y no nos basta con conocer su código de lenguaje, pues como ya hemos dicho la comunicación transciende al lenguaje. Considero mejor posición esforzarse por conocer e interactuar con ellos dejándoles a la vez su propio margen de libertad, con la supervisión y los límites lógicos y necesarios. Mejor que una incursión impostada en su espacio de juego inter pares es crear y mantener un espacio de juego entre nosotros y ellos, un lugar de encuentro y complicidad propio.

Lo cierto es que no considero un problema que determinados términos o una jerga nos ‘separe’ de nuestras hijas e hijos, aunque nunca está mal conocerla. En definitiva, siempre todo adolescente en toda época ha tenido la necesidad dentro de su proceso de maduración y de socialización de contar con un espacio o unos códigos propios. Lo que no podemos descuidar es un metalenguaje mucho más trascendente, ante el que no caben ni cacofonías, ni interferencias ni incomunicación, el de forjar y compartir con nuestras hijas e hijos valores como la confianza, la sinceridad o la comunicación, eso sí que son elementos irrenunciables para que todo marche bien, sin bugs, baneos ni más sobresaltos que los imprescindibles.

 

*Para quienes quieran adentrase en la jerga gamer dejo algunos enlaces:

Diccionario Gamer: http://www.gamerdic.es/

Diccionario para padres de adolescentes enviciados al Fornite: https://www.xataka.com/videojuegos/diccionario-traductor-adolescentes-viciados-a-fortnite-padres